Amor por el campo. De padres a hijos

Desde pequeño me ha gustado mucho el campo. Mis padres me han llevado un fin de semana sí y otro también a la sierra de Córdoba. Y supongo que después de muchos paseos con ellos, enseñándome a andar sin hacer ruido para no espantar a los bichos, aprendiéndome los nombres que se les da en Córdoba a los matorrales, me empaparon de afición al monte, el campo. Luego me gustaron las matemáticas, la ingeniería, y viviendo en Córdoba, acabé siendo ingeniero agrónomo, claro.

Siempre he visto con admiración todo lo que ha hecho mi padre, Mariano Aguayo. Como cualquier hijo, supongo. Pero los años me han hecho valorar aún más cómo en 1986, a sus 53 años, deja el mundo de la banca y retoma su afición de juventud pintando, escribiendo, esculpiendo. Era la primera vez que la salud del corazón le obligó a cambiar de actividad. Y desde luego que fue para mejor.

Hace ahora casi dos años que le volvió a ocurrir. Y un infarto cerebral, del que salió gracias al Hospital Reina Sofía de Córdoba, le obligó a volver a aprender la escritura y la lectura. Una prueba que le puso la vida, de la que la mayoría saldríamos deprimidos, hundidos. Y sin embargo él jamás se ha venido abajo.  Nunca desanimado, cogió de nuevo el toro por los cuernos y volvió a aprender español con el esfuerzo diario. Ha sido aleccionador verlo esforzarse día a día con coraje, sin quejarse. Con el apoyo constante de mi madre, reconvertida a profesora de lengua.

Gracias a Dios, sus habilidades para la pintura quedaron intactas y desde el primer día de recuperación de su enfermedad ya nos estaba haciendo bocetos con papel y lápiz desde la habitación del hospital.

Hoy, dos años después, nos ha enseñado a sus hijos su mejor lección: su excelente disposición ante las adversidades, su trabajo diario sin descanso, su ilusión por crear, por empezar de nuevo. Y todo ha cuajado, también gracias al apoyo de Carmen del Campo, en una nueva exposición de pintura inaugurada el viernes, en la galería de arte que ella tiene en el centro de Córdoba, con temática completamente nueva con respecto a lo que hacía hasta ahora.

Lo poco o mucho de literatura, de estética y de amor por la naturaleza que pueda tener este blog es herencia clara de mis padres. Mil gracias a los dos.

Ejemplo de superación en el sector agroindustrial

Tervalis

Siempre se ha dicho que el sector agrícola ha sabido adaptarse a las dificultades a lo largo de los años. Los agricultores han aprendido a meter la cabeza bajo el ala y aguantar el chaparrón como han podido. Al menos eso he escuchado yo en mi casa desde los tiempos de mis bisabuelos.

Esta semana ha visitado Córdoba una empresa de Teruel que, a mi parecer, ha superado esa mentalidad y ha sabido sacar provecho de las dificultades que se ha ido encontrando en su tierra. Se llama Térvalis y es digna de ser estudiada en las prestigiosas escuelas de negocios.

La fábrica de Teruel de Térvalis está rodeada de tierras muy improductivas con clima muy adverso. Un lugar que, en principio, no parece propicio para que surjan industrias. Y sin embargo han construido una planta de fertilizantes de última generación a partir de algo que aparentemente es un desecho, un problema ambiental: el estiércol de ganado.

Térvalis es un ejemplo para todos por su gran inversión en I+D+i para diseñar productos para la agricultura muy avanzados a partir de excrementos y deshechos de otros fertilizantes orgánicos. Y un ejemplo de adaptación al medio y a las dificultades, que tan bien nos viene en estos tiempos.

Gracias a Jesús Ruiz, Juan Montero y José Luis Flores de Sehicor hemos conocido a Toni Pérez y a Térvalis. Y a su línea Fertinagro de fertilizantes sólidos enriquecidos con materia orgánica, extractos de algas y aminoácidos en forma de pelets, con los que han conseguido que los cultivos aprovechen las unidades fertilizantes hasta con un 40% más de eficacia. Éstos fertilizantes pueden ser apropiados para un aporte al suelo en los meses de invierno para los cítricos, en aquellas zonas donde la fertirrigación no pueda aplicarse hasta bien entrada la primavera.

Bienvenida la inversión en I+D+i en los tiempos que corren.