WhatsApp para el campo. 3 aplicaciones. 

Ya sabéis lo que me gusta escribir sobre las aplicaciones del móvil que son útiles en el campo. Y me he dado cuenta de que nunca he tratado el asunto de WhatsApp. Estaréis de acuerdo conmigo en que cada día encontramos más utilidades en esta mega extendida aplicación/red social. 
Pues os diré tres formas de usarlo en el campo, que me están facilitando las cosas. 

1. Coordinación en los tratamientos fitosanitarios. 

Sabéis que para hacer los tratamientos es cada vez más necesario estar bien coordinado entre el distribuidor de los fitosanitarios, el técnico ROPO que hace la recomendación, el profesional autorizado que realiza el tratamiento y el propietario de la parcela, que introduce toda la información en el cuaderno de explotación. 

Pues ¿qué mejor que un grupo de wasap para que todos conocozcan en cada momento los tratamientos que lleva cada parcela? A ser posible limitándose a lo estrictamente profesional, que ya sabemos lo que pasa luego con estos grupos. 

2. Geolocalización de puntos interesantes en las parcelas. 

Cuando enviamos nuestra ubicación a otra persona, o a nosotros mismos, ¡OJO!, esperando a que la precisión sea de metros, tenemos un registro de coordenadas, que podemos utilizar para introducir en cualquiera de los programas que usemos para geolocalizar nuestros puntos interesantes de la explotación. En mi caso Google Earth. Con la función copiar, pegar, podemos conocer los datos de las coordenadas. Y tendremos registro de plantas enfermas, paso de tuberías, localización de plagas y todo lo que se nos ocurra. 


3. Recordatorios de cosas pendientes. 

Como decía antes podemos enviarnos wasaps a nosotros mismos como recordatorios, dejándolos como no leídos. Muy útil cuando nos pilla en mitad del campo, sin la agenda a mano. 


Como cada día van actualizando, y como también nosotros nos vamos reciclando, seguro que van apareciendo nuevas funciones que iremos comentando. 

El fastidio por la lluvia

Antes de dedicarme al campo, la lluvia me resultaba molesta. Que si el paraguas, que si los pies mojados, que si te pilla de improviso. Los días de lluvia no podía jugar en los columpios, no podía quedarte a charlar con los amigos en los soportales al bajar del autobús, tenía que rebuscar en el armario el chubasquero olvidado…

Pero ahora es distinto. Ahora me paso el día deseando que llueva. En eso me parezco cada vez más a Araceli, mi suegra, que siempre está mirando el portal arjonero, a ver cuánto ha caído en sus olivos. 

Cuando después de una noche de repiqueteo de agua en los cristales llego a la entrada de los eucaliptos y los baches polvorientos se han convertido en charcos rebosantes de agua y los naranjos lucen verde oscuro, lavados por el agua, me da una alegría tremenda. 

Lo primero son las previsiones en las múltiples apps del tiempo, después ver el frente avanzar mojando la península en el Rain Alarm, y finalmente encontar los pluviómetros llenos, como el de @rafaeraso

Y muchos días así nos llenan los pantanos, nos dan descanso en el riego y nos engordan la fruta. Así que el fastidio por la lluvia lo he dejado muy escondido en el niño de ciudad que fui. 

Tras los fríos, en la Sierra de Andújar

Después de una semana de heladas, estábamos invitados a pasar un día de campo en la sierra de Andújar, siguiendo la carretera de la Virgen de La Cabeza, justo antes de llegar a la provincia de Ciudad Real, en el Risquillo. 

Habíamos consultado la aplicación del tiempo unas doscientas veces en los últimos días, siempre con el mismo resultado. Temperaturas entre 0 y 8 grados. Así que nos forramos con capas y capas de ropa. Todavía recuerdo días de mucho frío en el campo cuando era chico y la experiencia me dice que siempre es preferible que sobre abrigo. 

Llegamos a las nueve a la finca y desde el coche sólo veíamos campos blancos, después de dejar atrás las curvas de la sierra de Andújar. 

Después de un gran desayuno y de calentarnos en la candela, el campo nos recibió a las once de la mañana con el sol fuera. No me podía creer la buena sensación de temperatura tan agradable. Cuando nos quedábamos en silencio, el zumbido de las abejas era intensísimo, que salían de las colmenas aprovechando los rayos de sol para buscar flores de romero y de madroño. 

En nuestra sierra pasamos frío cuando hay que pasarlo, pero en cuanto el sol asoma un poquito, la primavera pone en marcha el reloj y disfrutamos del campo bien abrigados. Pasar un día de campo junto a mi padre y su conocimiento del monte es todo un regalo. 

El campo beneficia seriamente la salud

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Entiendo y comparto los beneficios que tiene para la salud hacer deporte. Todos los médicos lo recomiendan y hay infinidad de estudios que hablan de eso. Corremos, vamos al gimnasio, jugamos al padel.
Pero también deberían estudiar los beneficios de salir a la sierra un día con amigos, sobre todo en este otoño que nos ha regalado la lluvia.
Este sábado nos invitaron Gonzalo y María a pasar el día en el campo. Cuatro o cinco parejas de amigos con sus hijos a la sierra de Espiel en Córdoba. Y unas migas de acompañamiento.

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Los niños corren, se aventuran solos por el olivar, juegan a la pelota y no se pelean. Los padres casi pueden desentenderse de ellos, charlan unos con otros, pasean a ratos…
La familia de Gonzalo todo lo facilita y nos hacen la casa más que acogedora. Todo a nuestra disposición.
Cuando llega la tarde baja el calor y si nos fijamos, podemos ver las ciervas asomando confiadas a los claros más altos desde la espesura.
Y sin cobertura de 3G. Sin internet. Con un generador para poder tener luz y agua. Hay que ver cómo la vuelta atrás en la tecnología también se puede convertir en un lujo.
Una gran experiencia para tomar la semana con fuerzas y que debería incluirse en todos los manuales de salud, autoayuda, psicología, mindfulness o como quieran llamarlo. El campo beneficia seriamente la salud.

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Complot para un día inolvidable

Cuando pienso en los días más felices de mi vida, se me vienen a la cabeza mi boda y los nacimientos de Blanca y Ricardo. Pero la pasada semana he sido víctima de un complot para añadir uno más a la lista. El de mi fiesta sorpresa de 40 años.

Me han llevado engañado al campo, como no podía ser de otra forma. Al campo donde he pasado mi infancia. De donde guardo los mejores recuerdos de juegos de cabañas, excursiones y batallas infantiles. Al campo que sigo disfrutando en fines de semana con mi mujer, mis padres, mis hijos, mis hermanos.

Inocente de mi, subí a Cerro Muriano como un domingo más y me encontré con el más cariñoso y jaleoso comité de bienvenida que me hayan hecho jamás. Y me mantuvieron entre el llanto y el saltar de lágrimas todo el día.

Las redes sociales y las naranjas fueron un continuo telón de fondo de este cariñoso homenaje de mis más íntimos a una nueva madurez personal y profesional de la que sois testigos semanalmente en este vuestro blog.

Han pasado 7 días y sigo en la nube, y no me refiero a iCloud, precisamente. Y sigo dando gracias a Dios por tal muestra de cariño. Gracias por el complot en la sombra, por la organización, por el photocall, el disfraz de Naranjito, los montajes de fotos tan emotivos. Gracias a todos por haber contribuido a fabricar uno de los días más felices de mi vida, porque no lo olvidaré jamas.

PD. Algunos tuiteros que encontraréis entre las fotos: @araclrivas, mi mujer, apasionada educadora, @aguayoestudio, mi padre, gran artista de temas cinegéticos. @marianoaguayo, mi hermano, abogado online y zanahoria de este burro. @1fernandoaguayo, mi hermano, artista emergente. @elenahipo, impulsando a los que la rodean. @educoaching, coach educativo junto a @isabelpromartin. @molino_tinajas, amigo de infancia aceitero y tuitero, junto a su kleine deutsche Großunternehmen @marionbeckr. @currojordano, Formación y Farmacia, y perol cordobés. @panayotis73 es el autor de las inolvidables fotografías (mil gracias) junto a @piecitazul, pequeseño.  @ajoyanes, siempre atento a que no metamos fuego. @ramirojangulo, mucha agua desde Granada. @ramiroboss7 y @nachoanguloriva potencial de Córdoba para el mundo. @higiwarez y @carmenlanagran siempre disponibles. @aracelirala, la abuela tuitera. @GonzaloRVaro cuarentón experimetado. @tabernaeljuncal, la tabernera tuitera. @learneconomy, desde Murcia con amor.

Amor por el campo. De padres a hijos

Desde pequeño me ha gustado mucho el campo. Mis padres me han llevado un fin de semana sí y otro también a la sierra de Córdoba. Y supongo que después de muchos paseos con ellos, enseñándome a andar sin hacer ruido para no espantar a los bichos, aprendiéndome los nombres que se les da en Córdoba a los matorrales, me empaparon de afición al monte, el campo. Luego me gustaron las matemáticas, la ingeniería, y viviendo en Córdoba, acabé siendo ingeniero agrónomo, claro.

Siempre he visto con admiración todo lo que ha hecho mi padre, Mariano Aguayo. Como cualquier hijo, supongo. Pero los años me han hecho valorar aún más cómo en 1986, a sus 53 años, deja el mundo de la banca y retoma su afición de juventud pintando, escribiendo, esculpiendo. Era la primera vez que la salud del corazón le obligó a cambiar de actividad. Y desde luego que fue para mejor.

Hace ahora casi dos años que le volvió a ocurrir. Y un infarto cerebral, del que salió gracias al Hospital Reina Sofía de Córdoba, le obligó a volver a aprender la escritura y la lectura. Una prueba que le puso la vida, de la que la mayoría saldríamos deprimidos, hundidos. Y sin embargo él jamás se ha venido abajo.  Nunca desanimado, cogió de nuevo el toro por los cuernos y volvió a aprender español con el esfuerzo diario. Ha sido aleccionador verlo esforzarse día a día con coraje, sin quejarse. Con el apoyo constante de mi madre, reconvertida a profesora de lengua.

Gracias a Dios, sus habilidades para la pintura quedaron intactas y desde el primer día de recuperación de su enfermedad ya nos estaba haciendo bocetos con papel y lápiz desde la habitación del hospital.

Hoy, dos años después, nos ha enseñado a sus hijos su mejor lección: su excelente disposición ante las adversidades, su trabajo diario sin descanso, su ilusión por crear, por empezar de nuevo. Y todo ha cuajado, también gracias al apoyo de Carmen del Campo, en una nueva exposición de pintura inaugurada el viernes, en la galería de arte que ella tiene en el centro de Córdoba, con temática completamente nueva con respecto a lo que hacía hasta ahora.

Lo poco o mucho de literatura, de estética y de amor por la naturaleza que pueda tener este blog es herencia clara de mis padres. Mil gracias a los dos.

Otoñada

En todos los manuales de autoayuda y similares advierten de que estas fechas son peligrosas para el ánimo, un poquito depresivas. Me da a mi que los que escriben esas cosas no están muy en contacto con el campo.

Después de un verano con tres olas de calor y sin una gota de agua ha llegado el otoño con tres días de lluvia suave, intensa y oportuna que han dejado el campo saturado. Acompañados de días frescos, los naranjos han respirado, han brotado, se han puesto más anchos. Las calles entre árboles se han llenado de hierba en sólo una semana y las naranjas y aceitunas han engordado a ojos vista.

Han sido también un respiro para los que nos preocupamos por los naranjos. Hemos podido hacer una pausa en los riegos de al menos quince días, los árboles han podido tomar los nutrientes de la parte del suelo que no estaba disponible en el verano y las plagas de arañas y otros enemigos parece que comienzan a remitir con el agua y el frío de la noche.
Y sobre todo nos deja la esperanza de que este año venga cargado de agua. No pedimos la barbaridad de lluvia que cayó hace dos y tres años, pero al menos que sea una año normalito, que aumente el agua embalsada y que nos haga ver el futuro con más optimismo, que falta nos hace.
Por todo esto recomiendo a quien el otoño le ponga triste que salga cuando pueda a dar una vuelta por la sierra o por la campiña, que mire a su alrededor, que respire los nuevos aromas que trae el otoño y que se deje contagiar por el optimismo que nos trae la naturaleza.