Volver al pueblo

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Soy de Córdoba capital y no tengo pueblo. Por eso me hice arjonero de adopción, ya que mis suegros son de allí. Y algunos fines de semana volvemos a “nuestro” pueblo.
Normalmente vamos en su fiesta grande, Fiestasantos o en la feria. Y los niños pueden andar por donde quieran sin coches, buscando la procesión, los gigantes y cabezudos, la quema de Daciano… Con los petardos tronando que ya no les asustan como antes.
Este fin de semana, para preparar la casa que casi siempre anda cerrada, hemos aprovechado para ver los olivos que están muy cerquita del pueblo. Unos más cargados. Otros más vacíos. Yo soy más de regadío, pero a mi suegra le gusta que les eche un vistazo y los recorra con mi tocayo Ricardo. Él tiene toda la experiencia del mundo en esta tierra de Arjona y cuida los árboles centenarios con todo el cariño.
Toda una delicia llegar a Arjona, verla en alto entre los olivos, subir hasta Santa María, donde corre todo el fresco a la puesta de sol, dejar a los niños andar libres por la calle, ir a comprar dulces a Campos, charlar con su gente, siempre amable y respirar la tranquilidad del verano en el centro de la provincia de Jaen.

Visitad www.portalarjonero.com y veréis mucha info.

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Virgen Extra para quién.

Aceituna hojiblancaHe tenido un verano muy andaluz. He hecho excursiones cortas, con vacaciones intermitentes, visitando muchos pueblos costeros y de interior sin salir de Andalucía. Y lo he disfrutado mucho.

He pensado en nuestro aceite de oliva, que debe ser bandera andaluza para el mundo y en lo que me he ido encontrando en bares y restaurantes. Y qué difícil es que un lugar de turismo el aceite sea de calidad, que al menos sea virgen extra, que es lo menos que podemos exigir en nuestra tierra.

Pero me da la sensación de que estamos haciendo algo mal. De que sólo un entorno muy reducido de olivareros, agricultores y dietistas conocen las diferencias de un virgen extra con un refinado. Algo que nosotros damos por supuesto, quizás no llegue a calar en la lista de la compra diaria. A menudo vemos aceites con etiquetas engañosas, lampantes camuflados, a precios elevados y tratando de confundir al consumidor. Y lo malo es que muchos caen en la trampa, mientras los virgen extra esperan en las bodegas de las cooperativas a ser vendidos. No recuerdo de qué año serían las primeras campañas publicitarias cuando cambiamos de “aceite puro de oliva” a “aceite de oliva virgen extra”. Fueron muy machaconas, pero quizás ahora ya se hayan olvidado.

Sigamos defendiendo nuestro aceite, que ya mismo está aquí la campaña. Defendamos las buenas prácticas agrícolas, apoyemos aquellas almazaras que tratan la aceituna con mimo y sacaremos el máximo valor de nuestro fruto más apreciado.