Lluvia en los cristales

El lunes pasado, cuando me sonó el despertador, oí la lluvia en los cristales y me entró tal tranquilidad que me quedé durmiendo un ratito más. Hacía años que no me pasaba. Pero es que han sido mucho meses esperando a que el trigo recibiera agua. No sé si estas lluvias serán suficientes como para que aumenten la dotación de las concesiones, pero al menos han servido para que no tengamos que echar mano del seguro en los trigos sembrados tarde en Córdoba. Otra cosa son los de Sevilla, que no sé si les habrá llegado a tiempo. También tenemos ya lluvia para las pipas sembradas y para las que se nos han quedado pendientes. 

En estos días de no poder salir al campo con los tractores nos planteamos ¿por qué no hicimos tal abonado? ¿Por qué no hicimos tal tratamiento? Pues porque cuando el campo se pasa tres meses sin recibir una gota de lluvia, el abono no lo toma bien, los tratamientos pueden hacer más daño que beneficio, porque no ves que el dinero invertido en el cultivo vaya a ser rentable, etc. 

Es momento de disfrutar de la lluvia y de planificar muy bien los tratamientos y los abonados de aquí a final de campaña, que a los demenciales precios a los que está todo, no es el año de tirar con pólvora del rey. 

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